La historia de la selección nacional de fútbol de Israel es uno de los capítulos más complejos, politizados y singulares del deporte rey a nivel global. Geográficamente situada en Oriente Medio, pero deportivamente exiliada en Europa, el equipo nacional israelí lleva en su uniforme azul y blanco mucho más que la búsqueda de una clasificación para la Copa del Mundo o la Eurocopa. Representa la crónica de un Estado en constante estado de vigilia, cuya trayectoria en los campos de juego refleja las tensiones geopolíticas, las divisiones internas y la incesante búsqueda de legitimación internacional. En el campo, el fútbol israelí transita entre la memoria nostálgica de su única participación en Copas del Mundo, en 1970, y la dura realidad contemporánea de actuar como "local" a miles de kilómetros de Tel Aviv, debido a los conflictos que azotan la región. Se trata de una selección que, lejos de ser solo un equipo deportivo, funciona como un espejo sociológico de una sociedad multicultural, fragmentada y resiliente.
1. Orígenes y Formación de la Identidad Nacional
Para comprender la génesis del fútbol en Israel, es necesario retroceder al período anterior a la fundación del propio Estado, en 1948. Durante el Mandato Británico en Palestina (1920-1948), el fútbol fue introducido por los soldados y funcionarios coloniales ingleses, transformándose rápidamente en un catalizador de identidad para las comunidades locales. En 1928, se fundó la Asociación de Fútbol de Palestina (PFA), que reunía clubes de orígenes árabes, británicos y judíos. Sin embargo, a medida que las tensiones nacionalistas crecían, el fútbol se convirtió en una arena de disputa política y cultural. La PFA terminó siendo dominada por dirigentes judíos alineados al movimiento sionista, lo que llevó a la afiliación de la entidad a la FIFA en 1929, bajo la representación del "Yishuv" (la comunidad judía en la Palestina preestatal).
En este escenario embrionario, los clubes de fútbol no eran meras agrupaciones deportivas, sino extensiones directas de movimientos políticos e ideológicos. Esta división estructural moldeó la identidad del fútbol israelí durante décadas y aún resuena en la contemporaneidad. Los clubes se dividían esencialmente en tres grandes corrientes:
- Maccabi: Vinculado al movimiento sionista liberal y burgués, enfocado en la promoción de la educación física y de la identidad judía global a través del deporte. Clubes como el Maccabi Tel Aviv y el Maccabi Haifa nacieron bajo esta égida.
- Hapoel: Brazo deportivo del Histadrut (la poderosa federación sindical de los trabajadores de Israel), de orientación socialista y laborista. El Hapoel Tel Aviv y el Hapoel Haifa representaban a la clase obrera y ostentaban el color rojo y símbolos como la hoz y el martillo en sus escudos originales.
- Betar: Alineado al sionismo revisionista de derecha, de carácter más nacionalista y militarista. El Betar Jerusalén es el heredero más prominente de esta corriente, manteniendo hasta hoy una hinchada históricamente ligada a sectores conservadores y nacionalistas de la sociedad israelí.
Con la Declaración de Independencia de Israel en 1948 y la subsiguiente guerra árabe-israelí, la Asociación de Fútbol fue reorganizada como Asociación de Fútbol de Israel (IFA). La selección nacional jugó su primer partido oficial bajo la bandera del nuevo Estado el 26 de septiembre de 1948, contra la selección olímpica de los Estados Unidos, en Nueva York, sufriendo una derrota por 3 a 1. En aquel momento, el fútbol servía como una herramienta diplomática vital para un país que buscaba reconocimiento internacional y la consolidación de su soberanía.
Durante las décadas de 1950 y 1960, la selección israelí competía en la Confederación Asiática de Fútbol (AFC). A nivel técnico, el fútbol practicado en el país era predominantemente amateur, caracterizado por un estilo de juego físico, voluntarista y tácticamente rudimentario, heredado de la influencia británica. Los jugadores eran, en su mayoría, trabajadores comunes que conciliaban los entrenamientos con el servicio militar obligatorio o con empleos en empresas estatales. A pesar de las limitaciones estructurales, la selección comenzó a cosechar resultados significativos en el continente asiático, culminando con el título de la Copa de Asia de 1964, disputada en suelo israelí. Este triunfo, aunque celebrado con entusiasmo patriótico, ya traía consigo las primeras señales del aislamiento político que definiría el futuro del deporte en el país, una vez que varias naciones árabes se negaron a participar en el torneo.
2. Era de Oro, Grandes Campañas e Ídolos Eternos
El apogeo técnico del fútbol israelí ocurrió en el cambio de la década de 1960 a la de 1970, bajo el mando del legendario entrenador Emmanuel Scheffer. Considerado el padre del fútbol moderno en Israel, Scheffer introdujo métodos científicos de preparación física y rigor táctico inspirados en la escuela de Alemania Occidental. Bajo su liderazgo, la selección alcanzó los cuartos de final en los Juegos Olímpicos de 1968, en Ciudad de México, siendo eliminada por Bulgaria en un sorteo por cara o cruz tras un empate 1 a 1.
El auge de esta generación dorada se dio en la clasificación para la Copa del Mundo de 1970, también en México. Israel aseguró la plaza tras superar a Australia en el playoff decisivo de la zona de Asia/Oceanía. En el torneo mundial, el equipo fue sorteado en un grupo extremadamente difícil, junto a potencias como Italia, Uruguay y Suecia. Aunque señalada como la gran cenicienta del torneo, la selección israelí sorprendió al mundo por su organización táctica y combatividad. Tras una derrota digna por 2 a 0 ante Uruguay en el debut, Israel logró un empate histórico por 1 a 1 contra Suecia. El gol del empate, marcado por el genial mediapunta Mordechai Spiegler con un disparo potente desde fuera del área, permanece como el único gol de Israel en la historia de las Copas del Mundo. En el último partido de la fase de grupos, Israel sostuvo un empate sin goles contra la futura subcampeona Italia, despidiéndose de la competición con la cabeza en alto y el respeto del planeta fútbol.
Aquel equipo de 1970 inmortalizó nombres que se convirtieron en verdaderos mitos en el país. Además de Spiegler, el máximo goleador de la historia de la selección, destacaban el elegante líbero Zvi Rosen, el dinámico mediocampista Giora Spiegel y el portero Itzhak Vissoker. Esta generación estableció un estándar de excelencia que las décadas siguientes intentaron, sin éxito, replicar.
En las décadas subsiguientes, aunque Israel no regresó a una Copa del Mundo, el país continuó produciendo talentos de clase mundial que brillaron en el escenario europeo. En los años 80, el delantero Eli Ohana lideró al KV Mechelen, de Bélgica, a la conquista de la Recopa de Europa en 1988, convirtiéndose en un icono de habilidad e irreverencia. En los años 90, la "Generación de Oro" liderada por Eyal Berkovic y Haim Revivo encantó a los aficionados con un fútbol ofensivo y vistoso. Berkovic, apodado "The Wizard" (El Mago), destacó en la Premier League inglesa por clubes como West Ham, Celtic y Manchester City, gracias a su visión de juego extraordinaria. Revivo, por su parte, brilló en la liga española por el Celta de Vigo y en Turquía por el Fenerbahçe, destacándose por su refinada técnica individual.
El mayor exponente técnico de la historia reciente de Israel es, sin duda, Yossi Benayoun. Revelado por el Maccabi Haifa, el mediapunta tuvo una carrera brillante en Europa, vistiendo las camisetas de gigantes como Liverpool, Chelsea y Arsenal. Con la selección, Benayoun es el récord de partidos oficiales (102 encuentros) y uno de los máximos goleadores, siendo el símbolo de una era en la que Israel plantaba cara a las grandes potencias europeas, aunque siempre se quedaba a las puertas en las fases de clasificación. Más recientemente, el delantero centro Eran Zahavi rompió récords de goles tanto en la liga local como en la selección, destacándose por su capacidad de finalización implacable y liderazgo en el campo.
3. Rivalidades, Crisis y Bastidores del Poder
La trayectoria de la selección de Israel es indisociable de la geopolítica global. El mayor desafío histórico del fútbol del país no fue enfrentado dentro de las cuatro líneas, sino en los despachos diplomáticos. Tras la Guerra de los Seis Días en 1967 y la Guerra de Yom Kippur en 1973, el boicot político de los países árabes y musulmanes al Estado de Israel se intensificó drásticamente dentro de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC). Selecciones como Kuwait, Corea del Norte y Arabia Saudita se negaban sistemáticamente a entrar al campo contra Israel.
Esta situación insostenible culminó en 1974, cuando la AFC, bajo intensa presión del bloque árabe liderado por Kuwait, votó por la expulsión de Israel de la confederación. La resolución fue aprobada por 17 votos a favor, 13 en contra y 6 abstenciones. De la noche a la mañana, Israel se convirtió en un "huérfano" en el mapa del fútbol mundial. Comenzó entonces un largo período de nomadismo deportivo, en el cual la selección israelí compitió en eliminatorias para la Copa del Mundo como miembro temporal de Oceanía (OFC) e incluso en llaves de Europa (UEFA) y de América del Sur (CONMEBOL).
Este exilio geográfico y deportivo representó un enorme perjuicio técnico y logístico para el fútbol del país. Israel disputaba plazas de clasificación contra selecciones de continentes distantes, enfrentando viajes exhaustivos y falta de calendario regular. La redención política solo ocurrió en 1991, cuando la UEFA aceptó a Israel como miembro provisional, oficializando su afiliación definitiva en 1994. Desde entonces, Israel compite en las eliminatorias europeas, una transición que, si por un lado resolvió el problema del aislamiento político y elevó el nivel competitivo local, por otro hizo que el sueño de clasificación para la Copa del Mundo o Eurocopa fuera infinitamente más difícil, dada la disparidad técnica en relación con las potencias del Viejo Continente.
Además de las barreras externas, la selección de Israel frecuentemente lidia con crisis administrativas y polémicas de bastidores que minan su rendimiento deportivo. La Asociación de Fútbol de Israel (IFA) ha sido históricamente criticada por su falta de planificación a largo plazo, injerencia política y nombramientos de entrenadores basados en relaciones de poder en detrimento del mérito técnico. Uno de los episodios más controvertidos ocurrió durante la campaña de clasificación para la Euro 2000, cuando la prensa local reveló el llamado "Escándalo de los Acompañantes", en el cual varios jugadores de la selección habrían contratado prostitutas en el hotel de concentración antes de un partido decisivo de playoff contra Dinamarca, que terminó con una humillante derrota por 5 a 0 en Tel Aviv.
Más recientemente, las tensiones políticas internas entre la población judía y la minoría árabe-israelí (que representa cerca del 20% de la población del país) también se reflejaron en el vestuario de la selección. Jugadores árabes destacados, como el delantero Munas Dabbur, enfrentaron hostilidades de sectores nacionalistas de la hinchada israelí tras publicar mensajes en las redes sociales en solidaridad con los palestinos durante períodos de escalada de violencia en Jerusalén. Dabbur terminó anunciando su retiro prematuro de la selección en 2022, evidenciando las profundas cicatrices sociales que el fútbol no puede ignorar.
Adicionalmente, la escalada del conflicto en la región a partir de octubre de 2023 impuso un nuevo y dramático desafío para la selección. Debido a la falta de seguridad en territorio nacional, la UEFA prohibió la realización de partidos internacionales en Israel. Como consecuencia, el equipo fue forzado a jugar sus partidos en Hungría y Chipre, actuando en estadios prácticamente vacíos, sin el calor de su hinchada y bajo severos protocolos de seguridad antiterrorista, lo que perjudicó gravemente el rendimiento del equipo en las eliminatorias para la Euro 2024 y en la Liga de Naciones de la UEFA.
4. El Momento Actual: Táctica, Generación y Desafíos
Actualmente, la selección de Israel atraviesa un período de transición generacional bajo el mando técnico de Ran Ben Shimon, quien asumió el cargo con la misión de reestructurar el equipo tras el frustrado intento de clasificación para la Euro 2024 bajo la batuta de Alon Hazan. Tácticamente, el fútbol israelí busca desvincularse de la histórica etiqueta de equipo puramente reactivo y defensivo, intentando adoptar un modelo de juego más moderno, basado en la posesión de balón, transición rápida y valoración técnica individual.
El esquema táctico base utilizado recientemente varía entre el 4-2-3-1 y el 3-4-3, dependiendo del calibre del adversario. Bajo la nueva filosofía, el equipo busca construir el juego desde la defensa, utilizando laterales constructores y mediocampistas de buena calidad de pase. Sin embargo, la gran fragilidad histórica de Israel sigue siendo el sector defensivo. La falta de centrales de nivel internacional y la recurrente desorganización en las jugadas a balón parado defensivas han sido el talón de Aquiles del equipo, resultando en goles encajados en momentos cruciales de partidos decisivos.
A pesar de las carencias defensivas, el sector ofensivo de Israel es prometedor y cuenta con jóvenes talentos que actúan en las principales ligas europeas. El gran exponente de esta nueva era es el mediapunta Oscar Gloukh. Revelado por el Maccabi Tel Aviv y actualmente brillando en el Red Bull Salzburg, de Austria, Gloukh es un 10 clásico, dotado de una rara visión de juego, regate corto en espacios reducidos y excelente capacidad de finalización. Él es el cerebro pensante en torno al cual todo el sistema ofensivo de Israel está estructurado.
Otro pilar fundamental es el extremo izquierdo Manor Solomon. Con pasos por Shakhtar Donetsk, Fulham y Tottenham, Solomon destaca por su velocidad explosiva, capacidad de uno contra uno y jugadas de línea de fondo. Cuando está sano, es la principal válvula de escape para las transiciones ofensivas rápidas de la selección. Sin embargo, su carrera ha sido frecuentemente interrumpida por graves lesiones musculares y de rodilla, lo que priva a la selección de su principal arma de desequilibrio.
A continuación, detallamos la estructura táctica ideal y los principales nombres de la selección israelí en el escenario contemporáneo:
- Portero: Omri Glazer (Estrella Roja). Se consolidó como el número 1 indiscutible, destacándose por su envergadura, reflejos agudos y buenas actuaciones en la UEFA Champions League.
- Línea Defensiva: Generalmente compuesta por Eli Dasa en el lateral derecho (uno de los líderes y capitán del equipo, experimentado, con paso por el Dinamo de Moscú) y jóvenes defensores como Raz Shlomo y Doron Leidner. La falta de consistencia física y táctica en esta línea es el principal desafío del entrenador.
- Mediocampo: La dupla de volantes suele alinear combatividad y salida de balón. Nombres como Neta Lavi (actualmente en el fútbol japonés) y el joven Dor Peretz dan sustento para que los mediocampistas creativos puedan flotar.
- Sector Creativo y Ofensivo: Además de Gloukh y Solomon, el joven extremo Liel Abada (ex-Celtic, actualmente en el Charlotte FC de la MLS) ofrece profundidad y olfato de gol por el lado derecho. En el comando del ataque, la selección busca un sustituto a la altura de Eran Zahavi, probando a jóvenes como Tai Baribo y Anan Khalaili.
El gran desafío de Ran Ben Shimon es encontrar el equilibrio defensivo sin castrar la creatividad de sus jóvenes talentos. En la Liga de Naciones de 2024, sorteada en el "Grupo de la Muerte" de la Liga A junto a Francia, Italia y Bélgica, la selección de Israel fue expuesta a la élite del fútbol mundial. Aunque sufrió derrotas previsibles, el equipo demostró momentos de buen fútbol y coraje táctico, sirviendo como un valioso laboratorio para el verdadero objetivo de la federación: la clasificación para la Copa del Mundo de 2026.
5. Formación de Talentos, Estructura y Futuro
A pesar de las dificultades geopolíticas y de las limitaciones de la liga local (la Ligat HaAl), Israel ha cosechado frutos inéditos en sus categorías inferiores en los últimos años, fruto de una profunda reformulación estructural promovida por la IFA en la última década. La inversión en infraestructura, la contratación de profesionales extranjeros para coordinar las selecciones juveniles y la creación de centros de excelencia de alto rendimiento comenzaron a transformar al país en un interesante exportador de talentos para Europa.
El marco inicial de esta revolución en la base fue la histórica campaña en la Eurocopa Sub-19 de 2022. Bajo el mando del entrenador Ofir Haim, la selección israelí sorprendió al continente al alcanzar la final del torneo, eliminando a la favorita Francia en la semifinal y cayendo solo en la prórroga ante Inglaterra. Aquella campaña no fue un punto fuera de la curva, sino el presagio de algo aún mayor.
Al año siguiente, en la Copa del Mundo Sub-20 de 2023, disputada en Argentina, Israel asombró al planeta al conquistar la medalla de bronce. La campaña incluyó una victoria épica por 3 a 2 sobre Brasil en los cuartos de final, partido en el cual los jóvenes israelíes dominaron táctica y técnicamente a la selección pentacampeona mundial. Estos resultados históricos probaron que, cuando están dotados de estructura adecuada y metodología moderna, los jóvenes atletas israelíes poseen calidad técnica para competir en igualdad de condiciones con cualquier potencia global.
Uno de los pilares de este engranaje de formación es el trabajo realizado por las academias de clubes como el Maccabi Tel Aviv y el Maccabi Haifa. Estas instituciones invirtieron mucho en tecnología de rastreo de rendimiento, nutrición, psicología deportiva e intercambio metodológico con clubes de Alemania, Holanda y España. El resultado es la transición de jugadores mejor preparados física y mentalmente para el fútbol europeo de alto nivel, aún en edad joven, evitando el antiguo problema de atletas que dejaban Israel sin la madurez táctica necesaria.
Otro aspecto crucial y fascinante del sistema de formación de atletas en Israel es su papel como vector de integración social en una sociedad profundamente dividida. El fútbol es uno de los raros espacios públicos donde judíos (seculares y religiosos), árabes musulmanes, árabes cristianos, drusos y circasianos coexisten, colaboran y comparten los mismos objetivos. La selección nacional frecuentemente presenta un plantel que refleja este tapiz demográfico.
El ejemplo más emblemático de esta integración fue el mediocampista Bibras Natkho. De origen circasiano y religión musulmana, Natkho no solo vistió la camiseta nacional por más de una década, sino que se convirtió en el primer capitán musulmán de la historia de la selección de Israel, un marco de inmenso simbolismo político y social. Actualmente, jóvenes promesas de origen árabe, como el delantero Anan Khalaili (vendido al Union Saint-Gilloise, de Bélgica), son señalados como el futuro de la selección, demostrando que dentro del campo la única color que importa es la de la camiseta nacional.
Sin embargo, el camino hacia el futuro aún está pavimentado por incertidumbres. La sostenibilidad de este proceso de formación depende directamente de la estabilidad política y económica del país. La constante amenaza de conflictos armados no solo interrumpe los campeonatos locales, sino que aleja a inversores extranjeros y limita el intercambio de equipos internacionales. Si logra blindar su departamento técnico de las turbulencias políticas y continuar integrando con éxito su rica diversidad demográfica, la selección de Israel tendrá, por primera vez en más de medio siglo, argumentos técnicos sólidos para dejar de ser una eterna secundaria y aspirar a su regreso al gran escenario del fútbol mundial.



