Este texto es ficticio, cualquier parecido con personas o hechos es pura coincidencia.
Hay verdades tan simples, como la de que no podemos controlar nuestras emociones. No hay forma de chasquear los dedos y decir "ama", o cerrar los ojos y decir "desenamórate". Son verdades tan simples, pero que esta noche no alcanzaron a esta muchacha, que lloró, y llora. Que se entristece por sentir una culpa que no existe, por condenarse con una pena que no le corresponde, por juzgarse por un crimen imposible. Pero llora, y mientras llora, vela el sueño de quien la ama, sin que ambos sepan que en este instante cada uno está tan cerca de sí mismo como de Dios mismo.
Y en este misterio descubrí tantas cosas. Sé, hoy, por qué nunca me declaré a esa niña. ¿Por qué lo haría? Si lo hiciera, ella no correspondería; es incapaz de hacerlo, y yo le causaría vergüenza, dolor. No, no. Mejor mirarla de lejos, en raras ocasiones devolverle una sonrisa. ¡Y qué sonrisa!
Voy a dibujar otra flor. Daré flores a todas las estrellas, a todos los ángeles que vea en mi camino. Entonces podré darle una flor también a ella, sin que ella sepa que es 'mi' flor, que es mi estrella. Doy flores a todas las estrellas, porque así podré darle a mi hermosa, sin que ella se enfade por mi atrevimiento.
En el fondo creo que ella me siente. Viajo imaginando que un día me encontrará como yo la encontré. Triste final será el mío si confío en el amor como confío. "Llámame"..., creo que ni siquiera tengo su teléfono, "vaya, mira si consigues con alguien".
Ya han llamado..., "pero no a mi flor", cuando no soy yo, hablo. ¿Qué hacer? Quería encapsular cada párrafo con la letra de su nombre, pero su nombre no permite esta acción. ¡Créelo!
Quien habla de cobardía, de miedo... no me conoce,...
es pasión, de verdad,... pura e inocente locura. Y esto no tiene explicación,
¡Llámame!
Este texto es ficticio, cualquier parecido con personas o hechos es pura coincidencia.
Hay verdades tan simples, como la de que no podemos controlar nuestras emociones. No hay forma de chasquear los dedos y decir "ama", o cerrar los ojos y decir "desenamórate". Son verdades tan simples, pero que esta noche no alcanzaron a esta muchacha, que lloró, y llora. Que se entristece por sentir una culpa que no existe, por condenarse con una pena que no le corresponde, por juzgarse por un crimen imposible. Pero llora, y mientras llora, vela el sueño de quien la ama, sin que ambos sepan que en este instante cada uno está tan cerca de sí mismo como de Dios mismo.
Y en este misterio descubrí tantas cosas. Sé, hoy, por qué nunca me declaré a esa niña. ¿Por qué lo haría? Si lo hiciera, ella no correspondería; es incapaz de hacerlo, y yo le causaría vergüenza, dolor. No, no. Mejor mirarla de lejos, en raras ocasiones devolverle una sonrisa. ¡Y qué sonrisa!
Voy a dibujar otra flor. Daré flores a todas las estrellas, a todos los ángeles que vea en mi camino. Entonces podré darle una flor también a ella, sin que ella sepa que es 'mi' flor, que es mi estrella. Doy flores a todas las estrellas, porque así podré darle a mi hermosa, sin que ella se enfade por mi atrevimiento.
En el fondo creo que ella me siente. Viajo imaginando que un día me encontrará como yo la encontré. Triste final será el mío si confío en el amor como confío. "Llámame"..., creo que ni siquiera tengo su teléfono, "vaya, mira si consigues con alguien".
Ya han llamado..., "pero no a mi flor", cuando no soy yo, hablo. ¿Qué hacer? Quería encapsular cada párrafo con la letra de su nombre, pero su nombre no permite esta acción. ¡Créelo!
Quien habla de cobardía, de miedo... no me conoce,...
es pasión, de verdad,... pura e inocente locura. Y esto no tiene explicación,
¡Llámame!



