Seleccione su idioma


<-
Idioma - Language - Idioma - भाषा (Bhāṣā) - 语言 (Yǔyán)

Comencemos entonces por el simbolismo o la metáfora de la horca. Este medio de ejecución, por estrangular la garganta, puede figurar los instrumentos que interdictan o reprimen el habla y, por extensión, el pensamiento, y que pueden ser representados por la familia, religión, escuela, en fin, por todas aquellas formas de control social que acaban imponiendo una ideología, casi siempre de forma traumática. El habla es la marca de lo humano y también de nuestra existencia. Por medio de ella, ejercemos derechos fundamentales, como nuestra libertad de expresión y de pensamiento. En el cuento, mecanismos de coerción impiden al personaje hablar, defenderse, tal como en la Tercera Estación: "yo buscaba a cada momento decir alguna palabra, una sola palabra, pero la palabra no venía, no venía, no venía". La misma imposibilidad de habla sucede en la Sexta estación: "Sabes más, que podrás gritar tu inocencia. Pero sientes un nudo en la garganta y tu lengua se quedará pegada al paladar". O en la Novena: "y mi voz se pega a la garganta". Nudo envía, por asociación sonora, a la palabra traba, que asume el sentido de freno.

Si la horca se asocia a la interdicción del habla, la cruz, o la crucifixión remite a los suplicios de la carne y, en el caso en cuestión, al refrenamiento de la pasión humana. Como forma de subyugar, el flagelo o látigo fue usado por los romanos en la flagelación de la carne durante el ritual de la crucifixión, incluso en la de Cristo. El cilicio por los padres, sobre todo (pero no solamente) en la Edad Media, refrenando los deseos carnales. El acto de crucificar puede asumir dimensiones profundamente simbólicas: clavos en las manos, en los pies, espada en el pecho (o en el corazón). Simbólicamente quedan maniatados (o crucificados) los instrumentos de caricia (manos), de ir y venir (pies) y aquello que se ha convenido considerar la sede del sentimiento humano (el corazón).

Resumiendo: el ficcionista ha creado una narrativa que, en una lectura superficial, parece hablar de un condenado a muerte. Pero en profundidad habla del ser en existencia, del proceso de castración de su habla y de la maniatación de sus sentimientos. Mente y cuerpo son subyugados a lo largo de la historia o de la biografía de cada uno de nosotros. Solo hay, y esto está claro también en la narrativa, un momento paradisíaco en nuestras vidas: la infancia. Innumerables poetas e incluso filósofos hablan de este momento mágico o edénico. El personaje torturado de Miguel Jorge intenta "ametralar la memoria con escenas sucesivas de la buena infancia". Pero este paraíso no soporta, como el otro, la transgresión. Vino "el salto a la libertad". Y este suele ser el momento en que casi todos nosotros sucumbimos. De aquí en adelante, soportamos la culpa. Avarmas lleva, como marca de la caída humana, este estigma a lo largo de sus páginas, aunque muchas veces el autor esté, visiblemente, ironizando la religión. Sobre todo la cristiano-católica que nos impregna de la hiel de este sentimiento que, de tan antiguo, se pierde en la noche del tiempo.

El control social es necesario. No se puede pensar una sociedad con sus integrantes ejerciendo cada uno su libertad sin límites. Sería el caos. Pero hay sociedades, entre ellas algunas primitivas, que realizan este control de forma menos traumática. Dicen que el indio jamás golpea a un niño ni le dice no a un niño. Poco a poco, se van imponiendo a los miembros de la comunidad los límites necesarios y se crea una escala de valores propia, de forma más natural, al parecer. El personaje creado por Miguel, en cierto punto de la narrativa, exclama: "Al principio el principio el principio". O sea, al comienzo, el precepto, la regla, la ley. La reiteración de la palabra puede parecer mero ludismo. Pero se equivocan los que por ventura así lo piensan. Este discurso tiene fuerza de poesía.

Para comprender este cuento de Miguel Jorge, será necesario mirar al hombre de nuestro tiempo. Lejos del Teocentrismo de la Edad Media, del Antropocentrismo de la Edad Moderna y más cerca del Racionalismo, que viene de lejos y entra con un pie en la Edad Contemporánea, el hombre de Avarmas coincide con el Tecnologismo de la Era Cibernética. Parecido a la máquina, que lo descentra y lo coloca "dando vueltas dentro de sí mismo", este hombre, siempre en busca de sí mismo y del sentido de la vida, se debate en el "no sense" de una existencia totalmente deshumanizada. De ahí el odio en lugar de la fraternidad: "la multitud en progresiva ira (...) en un oscilar de cuerpos y dientes" (I); "todas ellas [las puertas] recogían el odio, la injusticia, la infamia (...) sangrientos insultos" (II); "conmigo están siempre mis verdugos (...) azotes e insultos (...) todos envueltos en su propia ira" (III); "y volvían las palabras de insultos y escupitajos" (V). Todo va en una progresión de odio y deshumanidad, "insultos (...) azotes" (XII), hasta que el personaje es pisoteado, lo que precede "el sonido seco del martillo martillando clavos" en la Decimocuarta Estación, que cierra la narrativa. El cuento sugiere que hay otras formas modernas de crucificar al Otro. Y el odio, proveniente del vaciamiento de la fraternidad, de la deshumanización propia de nuestro tiempo histórico, quizás sea la más cruel y eficaz de esas formas.

Avarmas muestra una flagrante inversión: el hombre es fiera, malo, desprovisto de contenidos de humanidad; el animal es, a su vez, antropomorfizado, humanizado, bueno. La narrativa "La vendedora de sellos" ilustra muy bien esto, si la comparamos con la "Décima Cuarta Estación" y aquella denominada "Avarmas", que abren y cierran el libro, respectivamente. En estos dos cuentos, pero no solo en ellos, tenemos refinamientos de maldad humana. La visión del animal en "La Vendedora de Sellos" ya es mucho más generosa que la del hombre en aquellos cuentos mencionados. Veamos: "Las parejas demuestran la más intensa amistad y jamás se apartan, en una infinidad de intercambio de caricias. Cuando uno muere, el otro se queda cantando su apelo inútil, el piar lastimero de ave inconsolable".

A lo largo de la obra, hay temas que se reiteran, como la masacre de lo humano en el hombre; el proceso de liquidación de la libertad humana; la soledad humana; el vacío humano; el milenario sentimiento de culpa que heredamos, vía cristianismo.

Miguel no suele rechazar temas. Incursiona incluso en el submundo, alcanzando los últimos límites de la degradación humana con "Putein", donde hay, inclusive, indicios de la desacralización de lo sagrado, con alusiones a la santa cena en medio de un contexto que involucra la degradación humana. Al captar aspectos humanos sórdidos, el autor entra en sintonía con el pensamiento de Virginia Woolf, que afirma en un ensayo de 1929: "Ya que escribes lo que deseas escribir, eso es todo lo que importa; y si importará por siglos o solo horas, nadie puede decirlo. Pero sacrificar un cabello de tus opiniones, un matiz de tu color, en deferencia a algún Director con un vaso de plata en la mano o a algún profesor con una regla de medir escondida en la manga, es la más abyecta de las traiciones".

Además de esto, Miguel Jorge transita libremente por las fronteras que delimitan las diversas especies de cuento, saltando, por ejemplo, de lo alegórico en "Décima Cuarta Estación" a la característica vacilación entre lo extraño y lo maravilloso o aquella vacilación entre lo real y lo imaginario propia de lo fantástico, de lo que nos habla Tzvetan Todorov, presente en "Víspera de Pánico" y "Vendedora de Sello"; de esta al absurdo de "En una Gota de Agua", con abolición total de la lógica; de ahí a narrativas aparentemente fantásticas, creadas, por ejemplo, bajo el clima onírico o de alucinación de un postoperatorio aún con la personaje narradora bajo efecto de anestésico, como en "Juego de aros"; o a otras conducidas por la voz narradora estresada o en shock, "esposada entre palabras", de un vestibulando, como se puede ver en "Blanco Sobre Blanco"; o hasta por la voz de una mujer portadora de trastornos psíquicos, en busca del hijo muerto (en un visible clima de Revolución de 64), como sucede en el cuento "Avarmas".

Deixe seu comentário - Leave a comment - Deja tu comentario - 发表评论 - अपनी टिप्पणी छोड़ें

O editor não se responsabiliza pelos comentários registrados aqui., El editor no se hace responsable de los comentarios registrados aquí., The editor is not responsible for the comments registered here., 编辑不对此处记录的评论负责。, संपादक यहाँ दर्ज की गई टिप्पणियों के लिए जिम्मेदार नहीं है।

Número de celular e e-mail não irão aparecer na internet, El número de móvil y el correo electrónico no aparecerán en internet, Mobile number and email will not appear on the internet, 手机号码和电子邮箱不会出现在互联网上, मोबाइल नंबर और ईमेल इंटरनेट पर दिखाई नहीं देंगे.

Seja o primeiro a escrever um comentário.
❤️Espaço do anunciante❤️
❤️Espaço do anunciante❤️