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Los Lusíadas (Análisis Literario)
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CAMÕES Y EL CLASICISMO PORTUGUÉS

El renacimiento literario alcanzó su apogeo en Portugal, durante el período conocido como Clasicismo, entre 1527 y 1580. El hito de su inicio es el regreso a Portugal del poeta Sá de Miranda, que había pasado años estudiando en Italia, de donde trae las innovaciones de los poetas del Renacimiento italiano, como el verso decasílabo y las posturas amorosas del Doce stil nouvo. Pero fue Luís de Camões, cuya vida se extiende exactamente durante este período, quien perfeccionó, en la Lengua Portuguesa, las nuevas técnicas poéticas, creando poemas líricos que rivalizan en perfección formal con los de Petrarca y un poema épico, Los Lusíadas, que, a imitación de Homero y Virgilio, traduce en verso toda la historia del pueblo portugués y sus grandes conquistas, tomando, como motivo central, el descubrimiento del camino marítimo hacia las Indias por Vasco da Gama en 1497/99.
   Para cantar la historia del pueblo portugués, en Los Lusíadas, Camões fue a buscar en la antigüedad clásica la forma adecuada: el poema épico, género poético narrativo y grandilocuente, desarrollado por los poetas de la antigüedad para cantar la historia de
todo un pueblo. La Ilíada y la Odisea, atribuidas a Homero (Siglo VIII a. C.), a través de la narración de episodios de la Guerra de Troya, cuentan las leyendas y la historia heroica del pueblo griego. Ya la Eneida, de Virgilio (71 a 19 a.C.), a través de las aventuras
del héroe Eneas, presenta la historia de la fundación de Roma y los orígenes del pueblo romano.
   Al componer el mayor monumento poético de la Lengua Portuguesa, Los Lusíadas, publicado en 1572, Camões copia la estructura narrativa de la Odisea de Homero, así como versos de la Eneida de Virgilio. Utiliza la estrofa en Octava Rima, inventada por el italiano Ariosto, que consiste en estrofas de ocho versos, rimadas siempre de la misma forma: abababcc. La epopeya se compone de 1102 de estas estrofas, o 8816 versos, todos decasílabos, divididos en 10 cantos.

            Los Lusíadas (1572)


DIVISIÓN DE LA OBRA

  El poema se organiza tradicionalmente en cinco partes:

1. Proposición (Canto I, Estrofas 1 a 3)
Presentación de la materia a ser cantada: los hechos de los navegantes portugueses, en especial los de la escuadra de Vasco da Gama y la historia del pueblo portugués.
2. Invocación (Canto I, Estrofas 4 y 5)
El poeta invoca la ayuda de las musas del río Tajo, las Tágides, que lo inspirarán en la composición de la obra.
3. Dedicatoria (Canto I, Estrofas 6 a 18)
El poema está dedicado al rey Don Sebastián, visto como la esperanza de propagación de la fe católica y continuación de las grandes conquistas portuguesas por todo el mundo.
4. Narración (Canto I, Estrofa 19 a Canto X, Estrofa 144)
La materia del poema en sí. El viaje de Vasco da Gama y las glorias de la historia heroica portuguesa.
5. Epílogo (Canto X, Estrofas 145 a 156)
Gran lamento del poeta, que se queja de que su "voz ronca" no sea escuchada con más atención.


NARRACIÓN

   La narración consiste, por lo tanto, en la mayor parte del poema. Comienza "In Media Res", es decir, en plena acción. Vasco da Gama y su flota se dirigen al Cabo de
Buena Esperanza, con el objetivo de alcanzar la India por mar. Auxiliados por los dioses Venus y Marte y perseguidos por Baco y Neptuno, los héroes lusitanos pasan por diversas aventuras, siempre comprobando su valor y haciendo prevalecer su fe cristiana. Al detenerse en Melinde, al alcanzar Calicut, o incluso durante el viaje, los portugueses van contando la historia de los hechos heroicos de su pueblo. Completado el viaje, son recompensados por Venus con un momento de descanso y placer en la Isla de los Amores, verdadero paraíso natural que en mucho recuerda la imagen que entonces se hacía del recién descubierto Brasil.


ESTRUCTURA NARRATIVA

   El poema se estructura a través de una narrativa principal, que presenta el viaje de la armada de Vasco da Gama. A este hilo narrativo conductor se incorpora inicialmente la narración hecha por Vasco da Gama al rey de Melinde, en la que cuenta la historia de Portugal hasta su propio viaje. En la voz de Gama, se escuchan los hechos de los héroes portugueses anteriores a él, como Don Nuno Álvares Pereira, el caso de amor trágico de Inés de Castro, el relato de su propia partida, con el iracundo y premonitorio discurso del Viejo del Restelo y el episodio del Gigante Adamastor, representación mítica del Cabo de Buena Esperanza.
   Luego se añaden las narraciones hechas a sus compañeros por el marinero Veloso, que relata el episodio de los Doce de Inglaterra. Por último, ya en la India, Paulo da Gama, hermano de Vasco, cuenta aún otros hechos heroicos portugueses al Catual de Calicut.
   La estructura narrativa del poema se compone, por lo tanto, de tres narraciones que remiten a la historia de Portugal, interconectadas por la narración del viaje de Vasco da Gama.


ECLECTISMO RELIGIOSO

   El poema presenta un eclectismo religioso bastante curioso. Mezcla la mitología greco-romana con un catolicismo ferviente. Protegidos por los dioses, los portugueses buscan imponer a los infieles moros su fe cristiana. El portugués es visto por Camões
como representante de toda la cultura occidental, luchando contra el enemigo oriental, el árabe no cristiano. Todo este fervor religioso no impide la utilización por el poeta del erotismo de corte pagano, como en el episodio de la Isla de los Amores, y sus defensores lusitanos son protegidos, a lo largo de todo el poema, por una diosa pagana, Venus. Es curioso notar que la imagen clásica del dios romano Baco (el Dioniso de los griegos), amigo del vino y del desorden, enemigo mayor de los portugueses, es la de un ser con cuernos y cola. La misma que fue utilizada por la iglesia católica para representar al demonio.

            Episodios Principales

   Diversos son los episodios célebres de Los Lusíadas que merecen una mirada más atenta. Uno de ellos es el de la Isla de los Amores, (Canto IX, estrofas 68 a 95) en que la "Máquina del Mundo", con sus innumerables profecías, es presentada a los portugueses.
En este pasaje del final del poema el plano mítico - de los dioses - y el histórico - de los hombres - se encuentran: los portugueses son elevados simbólicamente a la condición de dioses, pues solo a los últimos les es permitido contemplar la "Máquina del Mundo". Fue el episodio de la Isla de los Amores el que inspiró al poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade a componer su poema "A Máquina do Mundo".
   Otro es el del Gigante Adamastor, (Canto V, estrofas 37 a 60), representación figurada del Cabo de Buena Esperanza, que simboliza los peligros y tormentas
enfrentados por los navegantes lusitanos en el camino a la India. Adamastor es el propio Cabo, que fue transformado en roca por el dios Pélops, como venganza por haber seducido a su esposa, la ninfa Tetis. Este episodio fue recreado por Fernando Pessoa (1888-1935) en el poema "O Mostrengo" del libro Mensagem (1934):

O MOSTRENGO
         El monstruo que está al fin del mar
         En la noche de brea se alzó a volar;
         La rueda de la nau voló tres veces,
         Voló tres veces a chiar,
         Y dijo: " ¿Quién es el que osó entrar
         En mis cavernas que no desvelo,
         Mis techos negros del fin del mundo?"
         Y el hombre del timón dijo, temblando:
         " ¡El Rey D. Juan Segundo!"

         "¿De quién son las velas donde me rozo?
         ¿De quién las quillas que veo y oigo?"
         Dijo el monstruo, y rodó tres veces,
         Tres veces rodó inmundo y grueso.
         "¿Quién viene a poder lo que solo yo puedo,
         Que moro donde nunca nadie me viera
         Y escurro los miedos del mar sin fondo?"
         Y el hombre del timón tembló, y dijo:
         " ¡El Rey D. Juan Segundo!"

         Tres veces del timón las manos alzó,
         Tres veces al timón las reprendió,
         Y dijo al fin de temblar tres veces:
         "Aquí al timón soy más que yo:
         Soy un pueblo que quiere el mar que es tuyo;
         Y más que el monstruo, que mi alma teme
         Y rueda en las tinieblas del fin del mundo,
         Manda la voluntad, que me ata al timón,
         ¡Del Rey D. Juan Segundo!"

   Abajo tenemos la explicación, estrofa por estrofa, de dos episodios fundamentales.
El de Inés de Castro y el del Viejo del Restelo.


Episodio de Inés de Castro
(Canto III, estrofas 118 a 135)
                                    Pasada esta tan próspera victoria,
                                    Tornado Afonso à Lusitana Terra,
                                    A se lograr da paz com tanta glória
                                    Quanta soube ganhar na dura guerra,
                                    O caso triste e dino da memória,
                                    Que do sepulcro os homens desenterra,
                                    Aconteceu da mísera e mesquinha
                                    Que despois de ser morta foi Rainha.

  El rey Afonso volvió a Portugal, después de la victoria contra los moros, esperando obtener tanta gloria en la paz como la que había obtenido en la guerra. Entonces ocurrió el triste y memorable caso de la desdichada que fue reina después de ser asesinada.

                                    Tu, só tu, puro Amor, com força crua,
                                    Que os corações humanos tanto obriga,
                                    Deste causa à molesta morte sua,
                                    Como se fora pérfida inimiga.
                                    Se dizem, fero Amor, que a sede tua
                                    Nem com lágrimas tristes se mitiga,
                                    É porque queres, áspero e tirano,
                                    Tuas aras banhar em sangue humano.

  El Amor, solo él, fue quien causó la muerte de Inés, como si fuera una enemiga. Dicen que el Amor feroz, cruel, no se satisface con las lágrimas, con la tristeza, sino que exige, como un dios severo y despótico, bañar sus altares ("aras")
en sangre humana: requiere sacrificios humanos.
La palabra "pérfido", en la obra, generalmente se refiere a los Moros enemigos. En este verso, parece indicar que Inés fue asesinada con la misma crueldad que se usaba contra ellos.

                                    Estavas, linda Inês, posta em sossego,
                                    De teus anos colhendo doce fruito,
                                    Naquele engano da alma, ledo e cego,


                                    Que a Fortuna não deixa durar muito,
                                    Nos saudosos campos do Mondego,
                                    De teus fermosos olhos nunca enxuito,
                                    Aos montes insinando e às ervinhas
                                    O nome que no peito escrito tinhas.

  Inés estaba en Coimbra, tranquila, disfrutando ("cosechando dulce fruto") de la felicidad ilusoria ("engaño del alma, alegre y ciego") y breve ("Que la Fortuna no deja durar mucho") de la juventud. En los campos, con los bellos ojos húmedos de lágrimas de amor, repetía el nombre de su amado a los montes (arriba, hacia arriba) y a las hierbas (abajo, hacia el suelo).
  Las formas "fruito" y "enxuito" son variantes de "fruto" y "enxuto". Durante mucho tiempo, mientras la Lengua Portuguesa se solidificaba, estas variantes se utilizaron simultáneamente. La Lengua Portuguesa acabó por definir "fruto" y "enxuto" como la forma culta. En la época de Camões, palabras como despois, fruito, enxuito y escuito eran las más usadas. Él, entonces, prefiere estas formas para adaptarse a la estructura poética de Los Lusíadas - la octava rima -, formada por versos decasílabos (heroicos o sáficos), y respetar el sistema rítmico de los versos - abababcc. Por lo tanto, fruito (verso 2) y enxuito (verso 6) son las rimas que corresponden a mucho (verso 4). Estas formas arcaicas todavía se utilizan en muchas regiones.

                                    Do teu Príncipe ali te respondiam
                                    As lembranças que na alma lhe moravam,
                                    Que sempre ante seus olhos te traziam,
                                    Quando dos teus fermosos se apartavam;
                                    De noite, em doces sonhos que mentiam,
                                    De dia, em pensamentos que voavam;
                                    E quanto, enfim, cuidava e quanto via
                                    Eram tudo memórias de alegria.

  Los recuerdos del Príncipe le respondían, en pensamientos y sueños, cuando él estaba lejos. Es decir, el recuerdo de Inés hacía que él conversara con ella, cuando esta estaba ausente. Ambos no se olvidaban el uno del otro y se "comunicaban" a través de la memoria, en forma de pensamientos y sueños. Así, todo lo que hacían o veían los hacía felices, porque recordaban a sus respectivos amados.
Esta estrofa es bastante ambigua. Los recuerdos del Príncipe acudían a la mente de Inés como respuesta a sus cuidados amorosos; por otro lado, los mismos recuerdos, ahora de Inés, existían (moraban) en el alma del príncipe cuando estaba lejos de la amada. Los sueños y los pensamientos de los versos 5 y 6, dos modos de recuerdo, pertenecen indistintamente al amado y a la amada. Y el sujeto de "cuidaba" y "veía", en el verso 7, tanto puede ser ella como el Príncipe.

                                   De outras belas senhoras e Princesas
                                   Os desejados tálamos enjeita,
                                   Que tudo, enfim, tu, puro amor, desprezas,
                                   Quando um gesto suave te sujeita.
                                   Vendo estas namoradas estranhezas,
                                   O velho pai sesudo, que respeita
                                   O murmurar do povo e a fantasia
                                   Do filho, que casar-se não queria,

   El Príncipe se niega a casarse con otras mujeres (tálamo: matrimonio, lecho conyugal) porque el amor desprecia, rechaza todo lo que no sea el rostro del amado (gesto significa rostro, semblante) a quien está sujeto. Al ver este extraño amor, este comportamiento extraño de no querer casarse, el padre severo (serio, grave) atiende al murmullo del pueblo y ->

                                   Tirar Inês ao mundo determina,
                                   Por lhe tirar o filho que tem preso,
                                   Crendo c'o sangue só da morte ladina
                                   Matar do firme amor o fogo aceso.
                                   Que furor consentiu que a espada fina,
                                   Que pôde sustentar o grande peso
                                   Do furor Mauro, fosse alevantada
                                   Contra hûa fraca dama delicada?

 -> decide matar a Inés, para que el hijo sea liberado de su amor. El padre cree que solo la sangre de la muerte apagará el fuego del amor. ¿Qué furia fue esa que hizo que la espada cortante que afrontó el poder de los Moros fuera levantada contra una
frágil e indefensa mujer.

                                   Traziam-na os horríficos algozes
                                   Ante o Rei, já movido a piedade;
                                   Mas o povo, com falsas e ferozes
                                   Razões, à morte crua o persuade.
                                   Ela, com tristes e piedosas vozes,
                                   Saídas só da mágoa e saudade
                                   Do seu Príncipe e filhos, que deixava,
                                   Que mais que a própria morte a magoava,

   Cuando los horribles y crueles verdugos trajeron a Inés ante el rey, este ya estaba compadecido (con piedad) y arrepentido. Sin embargo, el pueblo persuadía, incitaba al rey a matarla. Inés, entonces, con palabras o con voz triste, sintiendo más por el dolor
y la añoranza del príncipe y de los hijos que por la propia muerte.

                                   Pera o céu cristalino alevantando,
                                   Com lágrimas, os olhos piedosos
                                   (Os olhos, porque as mãos lhe estava atando
                                   Um dos duros ministros rigorosos);
                                   E despois, nos mininos atentando,
                                   Que tão queridos tinha e tão mimosos,
                                   Cuja orfindade como mãe temia,
                                   Pera o avô cruel assi dizia:

   Levantando los ojos llenos de lágrimas al cielo (solo los ojos, porque un verdugo le ataba las manos) y, después, mirando a los niños - que amaba tanto y temía que quedaran huérfanos -, dijo al abuelo cruel (el rey):

                                   Se já nas brutas feras, cuja mente
                                   Natura fez cruel de nascimento,
                                   E nas aves agrestes, que somente
                                   Nas rapinas aéreas tem o intento,
                                   Com pequenas crianças viu a gente
                                   Terem tão piedoso sentimento
                                   Como c'o a mãe de Nino já mostraram,
                                   E c'os irmãos que Roma edificaram:

   "¿Si hemos visto que hasta los animales salvajes, cuyos instintos son crueles, y las aves de rapiña tienen piedad de los niños, como demostraron las historias de la madre de Nino y la de los fundadores de Roma?"
Semíramis, reina de Asiria y madre de Nino, la abandonó en un monte. Nino fue alimentada por aves de rapiña. Rómulo y Remo, fundadores de Roma, fueron abandonados cuando eran infantes y amamantados por una loba.

                                   Ó tu, que tens de humano o gesto e o peito
                                   (Se de humano é matar hûa donzela,
                                   Fraca e sem força, só por ter sujeito
                                   O coração a quem soube vencê-la),
                                   A estas criancinhas tem respeito,
                                   Pois o não tens à morte escura dela;
                                   Mova-te a piedade sua e minha,
                                   Pois te não move a culpa que não tinha.

   Siendo así, él, el rey, que tenía el rostro y el corazón humanos (¿es que es humano matar a una mujer solo porque ama a un hombre que la conquistó?), podría al menos tener respeto y consideración a los niños, aunque no le importara la triste muerte de la madre. Inés suplica, entonces, que el rey se compadezca de ella y de los niños, ya que no quería perdonarla o absolverla de una culpa, un crimen, que no había cometido.


                                   E se, vencendo a Maura resistência,
                                   A morte sabes dar com fogo e ferro,
                                   Sabe também dar vida, com clemência,
                                   A quem peja perdê-la não fez erro.
                                   Mas, se to assi merece esta inocência,
                                   Põe-me em perpétuo e mísero desterro,
                                   Na Cítia fria ou lá na Líbia ardente,
                                   Onde em lágrimas viva eternamente.

   Y si el rey sabía dar la muerte, como lo demostró al vencer a los Moros, también sabría dar la vida a quien era inocente. Pero, si a pesar de su inocencia, aún la quisiera castigar, que la desterrara, expulsara, a una región helada o tórrida, para siempre.

                                   Põe-me onde se use toda a feridade,
                                   Entre leões e tigres, e verei
                                   Se neles achar posso a piedade
                                   Que entre peitos humanos não achei.
                                   Ali, c'o amor intrínseco e vontade
                                   Naquele por quem mouro, criarei
                                   Estas relíquias suas que aqui viste,
                                   Que refrigério sejam da mãe triste.)

   Que él la colocara entre las fieras, donde podría encontrar la piedad que no halló entre los hombres. Allí, por amor de aquel por quien moría o sufría, criaría a los hijos, que eran recuerdos del padre y serían consuelo de la madre.

                                   Queria perdoar-lhe o Rei benino,
                                   Movido das palavras que o magoam;
                                   Mas o pertinaz povo e seu destino
                                   (Que desta sorte o quis) lhe não perdoam.
                                   Arrancam das espadas de aço fino
                                   Os que por bom tal feito ali apregoam.
                                   Contra hûa dama, ó peitos carniceiros,
                                   Feros vos amostrais e cavaleiros?


   El rey bondadoso quería perdonar a Inés, conmovido por sus palabras. Pero el pueblo obstinado, persistente y el destino de Inés (que así lo quiso) no le perdonaron. Los que proclamaban que ella debía morir sacan sus espadas. Muestran ser valientes atacando a una dama.


                                    Qual contra a linda moça Policena,
                                    Consolação extrema da mãe velha,
                                    Porque a sombra de Aquiles a condena,
                                    C'o ferro o duro Pirro se aparelha;
                                    Mas ela, os olhos, com que o ar serena
                                    (Bem como paciente e mansa ovelha),
                                    Na mísera mãe postos, que endoudece,
                                    Ao duro sacrifício se oferece:

  Así como Pirro se prepara con la espada ("hierro") para matar a Políxena, por orden del fantasma de Aquiles, y ella - mansa y serenamente -, moviendo los ojos hacia la madre, enloquecida de dolor, se ofrece al sacrificio. Aquiles, héroe de la guerra de Troya, era invulnerable por haber sido sumergido, nada más nacer, en el agua de la laguna Estigia (Laguna de la Muerte). Personaje de la Ilíada de
Homero, murió durante la guerra de Troya, cuando fue alcanzado por una flecha en el talón, el único punto vulnerable de su cuerpo. Pirro, hijo de Aquiles, habría sido aconsejado por el fantasma ("sombra") del padre a matar a Políxena, prometida del héroe muerto. La mató cuando esta se encontraba sobre la tumba de Aquiles.


                                    Tais contra Inês os brutos matadores,
                                    No colo de alabastro, que sustinha
                                    As obras com que Amor matou de amores
                                    Aquele que despois a fez Rainha,
                                    As espadas banhando e as brancas flores,
                                    Que ela dos olhos seus regadas tinha,
                                    Se encarniçavam, fervidos e irosos,
                                    No futuro castigo não cuidosos.

   Del mismo modo actúan los crueles asesinos de Inés. En el cuello ("cuello") que sustenta el bello rostro ("las obras": la sonrisa, la mirada, los movimientos del rostro) por el cual se enamoró (el dios Amor, Cupido, hizo morir de pasión) el príncipe, que después la hará reina, ellos (los asesinos) bañan, lavan sus espadas y también las pálidas caras ("flores blancas") y mojadas de lágrimas de Inés; atacaban enfurecidos, sin pensar en el castigo que el futuro les reservaba.


   Camões supone que Inés fue degollada, como Políxena ofreciendo el cuello al golpe, y la sangre corrió sobre su rostro.


                                   Bem puderas, ó Sol, da vista destes,
                                   Teus raios apartar aquele dia,
                                   Como da seva mesa de Tiestes,
                                   Quando os filhos por mão de Atreu comia!
                                   Vós, ó côncavos vales, que pudestes
                                   A voz extrema ouvir da boca fria,
                                   O nome do seu Pedro, que lhe ouvistes,
                                   Por muito grande espaço repetistes.

   En aquel día, el sol debería haberse escondido, como lo hizo cuando Tiestes comió a sus propios hijos en un banquete servido por Atreo, para no ver el terrible crimen.
La última palabra de Inés - el nombre de Pedro, el príncipe - resonó larga y repetidamente por la región. Camões iguala la crueldad de la muerte de Inés a la de la historia de Atreo y Tiestes. Tiestes era hijo de Pélops y hermano de Atreo. Sedució a la esposa del hermano. Atreo hizo comer a Tiestes a los hijos que nacieron de esa unión.


                                   Assi como a bonina, que cortada
                                   Antes do tempo foi, cândida e bela,
                                   Sendo das mãos lascivas maltratada
                                   Da minina que a trouxe na capela,
                                   O cheiro traz perdido e a cor murchada:
                                   Tal está, morta, a pálida donzela,
                                   Secas do rosto as rosas e perdida
                                   A branca e viva cor, co a doce vida.

   Como una flor recogida prematuramente por las manos traviesas ("lascivas") de una niña para colocarla en una corona ("capela"), así está Inés, sin perfume y sin color. Muerta, pálida, con las mejillas ("las rosas del rostro") secas, marchitas, sin rubor. El patrón de belleza femenina era una combinación de blanco en la frente, cuello, etc.
("blanco y vivo color") y rojo ("vivo color") en las "rosas" del rostro.


                                   As filhas do Mondego a morte escura
                                   Longo tempo chorando memoraram,
                                   E, por memória eterna, em fonte pura
                                   As lágrimas choradas transformaram.


                                    O nome lhe puseram, que inda dura,
                                    Dos amores de Inês, que ali passaram.
                                    Vede que fresca fonte rega as flores,
                                    Que lágrimas são a água e o nome Amores.

   Las ninfas del Mondego (río de Portugal), durante mucho tiempo, recordaron llorando la muerte de Inés. Y, para su memoria eterna, las lágrimas se transformaron en una fuente llamada "de los amores de Inés", acontecidos allí. La fuente que riega las flores es refrescante porque está hecha de lágrimas y de amores.

             Episodio del Viejo del Restelo
               (Canto IV, estrofas 90 a 104)


                                    "Qual vai dizendo: -" Ó filho, a quem eu tinha
                                    Só para refrigério, e doce amparo
                                    Desta cansada já velhice minha,
                                    Que em choro acabará, penoso e amaro,
                                    Por que me deixas, mísera e mesquinha?
                                    Por que de mim te vás, ó filho caro,
                                    A fazer o funéreo enterramento,
                                    Onde sejas de peixes mantimento!" -

   Una madre habla al hijo, lamentándose de que él, que iba a ampararla y cuidarla en la vejez, la está abandonando para servir de alimento a los peces. El lamento de las mujeres en esta y en la siguiente estrofa está plenamente justificado: la flota de Vasco da Gama dejó el muelle del Restelo con 170 hombres, de los cuales solo 55 regresarían vivos a Portugal.


                                    "Qual em cabelo: -"Ó doce e amado esposo,
                                    Sem quem não quis Amor que viver possa,
                                    Por que is aventurar ao mar iroso
                                    Essa vida que é minha, e não é vossa?
                                    Como por um caminho duvidoso
                                    Vos esquece a afeição tão doce nossa?
                                    Nosso amor, nosso vão contentamento
                                    Quereis que com as velas leve o vento?" -


   Otra mujer, con el cabello descubierto ("en pelo"), pregunta al marido, sin el cual no podrá vivir, el motivo de que vaya a arriesgar la vida al mar bravo, cuando la vida de él le pertenece a ella, y no a él; y cómo puede olvidar o intercambiar el
sentimiento de ellos por la incertidumbre de los vientos y del mar. ¿Acaso desea que el viento se lleve, con las velas de la embarcación, su amor? Nótese la aliteración final (velas lleve Viento) que imita el sonido del Viento.

                                    "Nestas e outras palabras que diziam
                                    De amor e de piedosa humanidade,
                                    Os velhos e os meninos os seguiam,
                                    Em quem menos esforço põe a idade.
                                    Os montes de mais perto respondiam,
                                    Quase movidos de alta piedade;
                                    A branca areia as lágrimas banhavam,
                                    Que em multidão com elas se igualavam.

   Con estas y otras palabras de amor y de piedad, los viejos y los niños, a quienes la edad hace más débiles, los seguían. Y los montes, como si estuvieran conmovidos, respondían a estos lamentos con ecos. Las lágrimas mojaban la arena, y eran tantas que, en cantidad, se igualaban a la arena.


                                    "Nós outros sem a vista alevantarmos
                                   Nem a mãe, nem a esposa, neste estado,
                                   Por nos não magoarmos, ou mudarmos
                                   Do propósito firme começado,
                                   Determinei de assim nos embarcarmos
                                   Sem o despedimento costumado,
                                   Que, posto que é de amor usança boa,
                                   A quem se aparta, ou fica, mais magoa.

   Con miedo de sufrir o arrepentirse, los nautas (navegantes), no miraban a las madres y esposas. Vasco da Gama decidió que embarcarían sin la despedida acostumbrada, porque, aunque sea una buena costumbre porque muestra el amor de las personas, hace sufrir a quien parte y a quien se queda.

                                    - "Mas um velho d'aspeito venerando,
                                    Que ficava nas praias, entre a gente,
                                    Postos em nós os olhos, meneando
                                    Três vezes a cabeça, descontente,
                                    A voz pesada um pouco alevantando,


                                    Que nós no mar ouvimos claramente,
                                    C'um saber só de experiências feito,
                                    Tais palabras tirou do experto peito:

   Pero un viejo de aspecto respetable (venerable), que estaba entre las personas, en la playa, mirando a los navegantes y moviendo la cabeza negativamente, levantó un poco más la voz grave, que fue oída claramente por los que estaban en el
mar, y con una sabiduría hecha de experiencias dijo algunas palabras sabias, inteligentes, y profundas ("experto pecho" - "experto" = experimentado, culto, inteligente).


                                    -"Ó glória de mandar! Ó vã cobiça
                                    Desta vaidade, a quem chamamos Fama!
                                    Ó fraudulento gosto, que se atiça
                                    C'uma aura popular, que honra se chama!
                                    Que castigo tamanho e que justiça
                                   Fazes no peito vão que muito te ama!
                                    Que mortes, que perigos, que tormentas,
                                    Que crueldades neles experimentas!

  Este placer de los hombres de dominar y la codicia fútil y sin valor de la fama son tonterías ilusorias, pasajeras ("vanidad"). Esta satisfacción falsa, engañadora, es estimulada por las personas, que la llaman honor. ¡Esto castiga grandemente a los hombres de corazón tonto, vacío ("pecho vano") que ambicionan el poder y la fama; haciendo que experimenten muchos suplicios ("muertes", "peligros", "tormentas") y crueldad.
  Nótese que la expresión "pecho vano", en esta estrofa, se opone a "experto pecho", en la estrofa anterior. Estas estrofas remiten al libro bíblico de Eclesiastés, en el que el rey Salomón afirma y argumenta que "todo es vanidad" (Eclesiastés 1:2) y que "Mejor es oír la reprensión del sabio, que oír uno la canción del necio." (Eclesiastés 7:5).

                                    -"Dura inquietação d'alma e da vida,
                                   Fonte de desamparos e adultérios,
                                   Sagaz consumidora conhecida
                                   De fazendas, de reinos e de impérios:
                                   Chamam-te ilustre, chamam-te subida,
                                   Sendo dina de infames vitupérios;
                                   Chamam-te Fama e Glória soberana,
                                   Nomes com quem se o povo néscio engana!

   Esta ambición causa angustia y perturbación ("inquietud del alma y de la vida"), es origen de abandonos y adulterios y destruye fortunas y Estados. La llaman noble y elevada, cuando es digna, merecedora, de desmoralizantes insultos, palabras infamantes. Fama y gloria son palabras para engañar al pueblo ignorante y tonto.

                                    -"A que novos desastres determinas
                                   De levar estes reinos e esta gente?
                                   Que perigos, que mortes lhe destinas
                                   Debaixo dalgum nome preminente?
                                   Que promessas de reinos, e de minas
                                   D'ouro, que lhe farás tão facilmente?
                                   Que famas lhe prometerás? que histórias?
                                   Que triunfos, que palmas, que vitórias?

  Y el viejo pregunta qué nuevos desastres serán causados al reino y al pueblo, en nombre de (disfrazados en) alguna palabra ennoblecedora. ¿Qué promesas fáciles se harán de reinos, de minas de oro, famas, historias y triunfos para engañarlos?

                                    -"Mas ó tu, geração daquele insano,
                                   Cujo pecado e desobediência,
                                   Não somente do reino soberano
                                   Te pôs neste desterro e triste ausência,
                                   Mas inda doutro estado mais que humano
                                   Da quieta e da simples inocência,
                                   Idade d'ouro, tanto te privou,
                                   Que na de ferro e d'armas te deitou:

Pero el género humano, descendiente del insensato y demente cuyo pecado provocó no solo su expulsión y exilio ("destierro y triste ausencia") del paraíso ("reino soberano"), sino que también lo privó del estado de paz e inocencia de la edad de oro y lo colocó, lo abatió ("te acostó") en la edad del hierro y de las guerras.

                                    - "Já que nesta gostosa vaidade
                                   Tanto enlevas a leve fantasia,
                                   Já que à bruta crueza e feridade
                                   Puseste nome esforço e valentia,
                                   Já que prezas em tanta quantidade
                                   O desprezo da vida, que devia
                                   De ser sempre estimada, pois que já
                                   Temeu tanto perdê-la quem a dá:

   Ya que en esa placentera tontería, el hombre tanto se empeña, arrebata la imaginación, la creatividad; ya que da el nombre de esfuerzo y valentía a la violenta crueldad y perversidad; ya que da tanto valor al desprecio por la vida, que debería ser siempre amada y preservada, pues hasta quien la dio tuvo miedo de perderla (se refiere a Cristo, que temió la muerte, la noche anterior a su crucifixión).

                                    - "Não tens junto contigo o Ismaelita,
                                   Com quem sempre terás guerras sobejas?
                                   Não segue ele do Arábio a lei maldita,
                                   Se tu pela de Cristo só pelejas?
                                   Não tem cidades mil, terra infinita,
                                   Se terras e riqueza mais desejas?
                                   Não é ele por armas esforçado,
                                   Se queres por vitórias ser louvado?

   Ya que está cerca el enemigo (el "ismailita"), con el que siempre tendrá guerras de sobra (muchos combates)? ¿No siguen ellos la ley maldita de los árabes (se refiere al Corán - ley islámica, creada por Mahoma, profeta de Alá), mientras tú
luchas ("peleas") por la ley de Cristo? Si luchas para enriquecerte ("tierras y riqueza más deseas"), los moros tienen muchas ciudades y tierra; son guerreros valientes ("por armas esforzado"), si lo que deseas es ser glorificado, elogiado por las victorias en la guerra.
   Ismailita es la designación dada a los descendientes de Ismael, hijo de Abraham y de la esclava Agar. Los ismaelitas vivían en una confederación de tribos en el desierto de Arabia y dieron origen a los árabes.

                                    - "Deixas criar às portas o inimigo,
                                   Por ires buscar outro de tão longe,
                                   Por quem se despovoe o Reino antigo,
                                   Se enfraqueça e se vá deitando a longe?
                                   Buscas o incerto e incógnito perigo
                                   Por que a fama te exalte e te lisonge,
                                   Chamando-te senhor, com larga cópia,
                                   Da Índia, Pérsia, Arábia e de Etiópia?

   Descuida del enemigo próximo para buscar otro distante, por quien el reino iría despoblarse, debilitarse y perderse. Busca el peligro impreciso y desconocido, para que la fama lo celebre y elogie llamándolo, en gran cantidad ("larga copia") de señor de la India, Persia, Arabia y Etiopía.
   El objeto al que se dirige el Viejo va cambiando en el transcurso del discurso. Primero es un sentimiento descrito como "gloria de mandar" etc.; luego es la "generación de aquel insensato", es decir, el género humano; entonces es alguien que busca la guerra en la India (probablemente Vasco da Gama y los navegantes) y, finalmente, el título de "señor de la India, Persia, Arabia y Etiopía" que identifica al propio rey de Portugal.

                                    - "Ó maldito o primeiro que no mundo
                                   Nas ondas velas pôs em seco lenho,
                                   Dino da eterna pena do profundo,
                                   Se é justa a justa lei, que sigo e tenho!
                                   Nunca juízo algum alto e profundo,
                                   Nem cítara sonora, ou vivo engenho,
                                   Te dê por isso fama nem memória,
                                   Mas contigo se acabe o nome e glória.

   El Viejo maldice al hombre que hizo el primer barco ("puso velas en las olas"), como merecedor del infierno ("digno de la eterna pena del profundo"), si existe justicia como la que él cree. Que nunca se haga un alto concepto, ni música ("cítara sonora") o poesía ("vivo ingenio") que eternice su memoria por este hecho ("Te dé por eso fama ni memoria"), sino que, con el inventor del primer barco, mueran su fama, su reputación ("su nombre") y su gloria.

                                    - "Trouxe o filho de Jápeto do Céu
                                   O fogo que ajuntou ao peito humano,
                                   Fogo que o mundo em armas acendeu
                                   Em mortes, em desonras (grande engano).
                                   Quanto melhor nos fora, Prometeu,
                                   E quanto para o mundo menos dano,
                                   Que a tua estátua ilustre não tivera
                                   Fogo de altos desejos, que a movera!

   Afirma que el fuego que el hijo de Jápeto trajo del cielo y dio a los hombres, ese fuego el mundo encendió en armas, en muertes, en deshonras. Fue un gran error ("engaño") dar el fuego a la humanidad. Habría sido mejor para nosotros y habría causado menos daño (perjuicio) al mundo si la estatua hecha por Prometeo no hubiera tenido el fuego del deseo que la movió.
  El hijo de Jápeto era Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses y lo dio a los hombres. Prometeo trajo el fuego del Olimpo escondido en una estatua humana. Fue condenado a quedar preso en un peñasco mientras un águila le comía las entrañas.

                                    - "Não cometera o moço miserando
                                   O carro alto do pai, nem o ar vazio
                                   O grande Arquiteto co'o filho, dando
                                   Um, nome ao mar, e o outro, fama ao rio.
                                   Nenhum cometimento alto e nefando,


                                   Por fogo, ferro, água, calma e frio,
                                   Deixa intentado a humana geração.
                                   Mísera sorte, estranha condição!" -

   Si no fuera por ese fuego del deseo, el joven miserable y digno de lástima no habría osado guiar el carro del padre, ni el gran arquitecto y su hijo se habrían arriesgado a volar ("cometido el aire vacío"). Uno dio nombre al mar y el otro dio fama al río.
Camões se refiere a Faetón o Faetónte, hijo de Apolo, el dios Sol, que fue imprudente y cayó con el carro de su padre en el río Erídano y Dédalo, arquitecto del laberinto, que, con cera y plumas, construyó alas para sí y para su hijo Ícaro que, descuidado, voló hacia el sol y acabó cayendo en el mar.
   Ningún empeño noble o perverso, por cualquier modo realizado ("Por fuego, hierro, agua, calma y frío"), el género humano ("generación humana") no intenta realizar ("deja intentado"). Es un destino miserable y una extraña obligación (o un estado, un modo de ser peculiar).


EL ANTICLÍMAX

   El episodio del Viejo del Restelo representa un notable contrapunto a la glorificación de las navegaciones portuguesas intentada por Camões en el transcurso de todo el poema. El profesor Alfredo Bosi lo considera, por lo tanto, el anticlímax de la narrativa. En su libro Dialéctica de la Colonización (Companhia das Letras, 1992)
afirma que:

  El habla del Viejo destruye punto por punto y mina por dentro el fin orgánico de Los Lusíadas, que es cantar la hazaña del Capitán, el nombre de Aviz, la nobleza guerrera y la máquina mercantil lusitana involucrada en el proyecto.
  El viaje y todo el designio que él engloba aparecen como un desastre para la sociedad portuguesa: el campo despoblado, la pobreza avergonzada o mendiga, los hombres válidos dispersos o muertos, y, por todas partes, adulterios y orfandades. "Al olor de esta canela / el reino se despuebla", ya había dicho Sá de Miranda.
   El cambio radical de perspectiva (que de los ojos del Capitán pasa a los del Viejo del Restelo) da la medida de la fuerza espiritual de un Camões ideológico y contra-ideológico, contradictorio y vivo.
   Al zarpar de la aventura marítima y colonizadora, su mayor escritor orgánico se haría una conciencia perpleja: "¡Mísera suerte! ¡Extraña condición!"

   El poeta admite, por lo tanto, en el momento de ápice de su narrativa, el instante tan soñado en que la escuadra de Vasco da Gama inicia su viaje, una voz contraria a la aventura que pretende glorificar.


INTERTEXTUALIDAD

  En los últimos cuatro siglos, Los Lusíadas sirvieron de fuente de inspiración para innumerables poetas y prosistas de la lengua portuguesa. Los poemas abajo, de dos de los mayores escritores portugueses del siglo XX, presentan diferentes visiones del habla
del Viejo del Restelo.


         HABLA DEL VIEJO DEL RESTELO AL ASTRONAUTA
                             José Saramago

                                   in Poemas Posibles (1966)
                                   Aquí en la tierra el hambre continúa
                                   La miseria y el luto
                                   La miseria y el luto y otra vez el hambre
                                   Encendemos cigarrillos en fuegos de napalm
                                   Y decimos amor sin saber qué es.
                                   Pero hicimos de ti la prueba de la riqueza,
                                   O quizás de la pobreza, y del hambre otra vez.
                                   Y pusimos en ti ni sé qué deseos
                                   De más alto que nosotros, de mejor y más puro.
                                   En el periódico soleamos con ojos tensos
                                   Maravillas de espacio y de vértigo.
                                   Salados océanos que circundan
                                   Islas muertas de sed donde no llueve.
                                   Pero la tierra, astronauta, es buena mesa
                                   (Y las bombas de napalm son juguetes)
                                   Donde come jugando solo el hambre
                                   Solo el hambre, astronauta, solo el hambre.


                          MAR PORTUGUÉS
                          Fernando Pessoa
                          in Mensagem (1934)

¡Oh mar salado, cuánta de tu sal
¡Son lágrimas de Portugal!
Por cruzarte, cuántas madres lloraron,
¡Cuántos hijos en vano rezaron!


                                   ¿Cuántas novias quedaron sin casar
                                   ¿Para que fueras nuestro, oh mar!

                                   ¿Valió la pena? Todo vale la pena
                                   Si el alma no es pequeña.
                                   Quien quiere pasar más allá del Bojador
                                   Tiene que pasar más allá del dolor.
                                   Dios al mar el peligro y el abismo dio,
                                   Pero en él es que espejó el cielo.

  El texto de Fernando Pessoa aparenta ser una respuesta al habla del Viejo del Restelo. Admite el sufrimiento que proviene de las grandes navegaciones, pero considera que fue necesario para la conquista del mar. La respuesta de Pessoa al Viejo del Restelo es que "Todo vale la pena / Si el alma no es pequeña." Ya el poema de Saramago actualiza el habla camoniana, trayéndola al contexto de la exploración espacial. Como el viejo, Saramago alerta al astronauta, moderno navegante, sobre los problemas que deja en la tierra. Así, Saramago reitera el discurso del personaje camoniano, ahora en un contexto universal.

Vida y Obra de Luís Vaz de Camões

      Un hombre del Renacimiento

  Poco se sabe con seguridad sobre la vida de Luís Vaz de Camões. Es probable que haya nacido alrededor de 1525, quizás en Lisboa. Debió tener una educación esmerada, a pesar de pertenecer a la capa menos acomodada de la corte portuguesa.
Se supone que estudió en el Convento de Santa Cruz, en el que trabajaba Don Bento de Camões, su tío. Luchando contra los moros, en la incursión portuguesa en Ceuta, en 1549, pierde el ojo derecho, razón por la cual será siempre representado en el futuro con un parche.
Arrestado durante el año 1552 por meterse en peleas, embarca para Oriente al año siguiente en servicio militar. Viviendo en la miseria en Goa y Mozambique durante 16 años, llega a tener su Auto de Filodemo representado en la India y, gracias a la ayuda financiera de amigos, regresa a Lisboa en 1569. Data de este período de dura peregrinación por las colonias ultramarinas portuguesas la imagen de Camões que los románticos perpetuarían: la del poeta miserable, exiliado y nostálgico de su tierra, sufriendo humillaciones en el cotidiano y escribiendo los más sublimes versos como venganza. La conocida historia de su relación con Dinamene, compañera china del poeta, refuerza esa imagen. Navegando por el río Mecon, en Indochina, la pareja sufriría un naufragio. Dice la leyenda que Camões habría logrado salvarse a sí mismo y los manuscritos de Los Lusíadas, mientras la infeliz Dinamene moría ahogada. Camões dedicaría a la amada muerta varios de sus poemas líricos, buscando elevarla a las mismas alturas de Laura de Petrarca o Beatriz de Dante. Regresando a Portugal, logra publicar, en 1572, su obra maestra, Los Lusíadas, y pasa a vivir de una modesta pensión ofrecida por Don Sebastián, a quien dedicó su poema épico.
Muere en 1580, mismo año en que Portugal perdía su autonomía política, cayendo bajo el dominio de la temible España. En carta a Don Francisco de Almeida, el poeta sintetiza este momento: "...acabaré la vida y verán todos que fui tan apegado a mi Patria que no me contenté en morir en ella, sino con ella".

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